Finalmente lo encontró…!

Yo pensé que me iba a morir sin encontrarlo. Mirna Nereyda Medina Quiñónez


 

La historia de Mirna Nereyda Medina Quiñones es casi la misma que la de cientos de madres sinaloenses, miles de madres mexicanas, con diferentes desenlaces pero todos trágicos. Un hijo de Mirna Nereyda, Roberto Corrales Medina de 21 años de edad,  desapareció en Mochicahui el 28 de agosto del 2014 y sus restos fueron encontrados tres años después, el pasado 28 de agosto.

 La desaparición de su hijo no sumió a la angustiada madre en una tristeza pasiva. No se puso a esperar que las autoridades actuaran y dieran respuesta a sus reclamos.

 Inició una búsqueda, al principio desesperada, luego con algo de calma pero tenaz.

 No se concretó a tocar puertas de las autoridades, siempre sordas a las demandas y reclamos. Buscó casa por casa, calle por calle, camino por camino, por veredas, llanos y montes.

 Primero en las cercanías de su pueblo Mochicahui, luego se extendió a otras zonas del municipio de El Fuerte y mas adelante a Ahome.

 Su tenaz búsqueda sumó a otras madres con hijos desaparecidos. Armadas con más voluntad que equipo fueron sumándose más y más madres, hermanas y voluntarias. Con palas, fierros y varas removían la tierra en donde observaban manchas grasosas.

 Meses, muchos meses después las autoridades estatales las dotaron de “más equipo”: palas y picos. En algunas ocasiones protección por elementos de la policía estatal y peritos del Semefo.

 De otras partes comenzaron a llegar apoyos.

 “Las Buscadoras de El Fuerte” les llamaron y así se quedó el nombre de ese equipo de angustiadas y tenaces madres cuya búsqueda comenzó a dar resultados encontrando restos enterrados de jóvenes y hombres desaparecidos meses, años  atrás.

 “Te buscaré hasta encontrarte. Sólo buscamos a nuestros tesoros, no queremos culpables”, fue el lema que adoptó este grupo.

 Su labor trascendió y en otros Estados se formaron  grupos similares de madres con hijos desaparecidos.

 A otros países, a Europa llegaron noticias de estas madres y las solicitaron para que hablaran de sus calvarios.

 Como sucede muchas veces, no faltaron cizañas y un “apoyador” que seguramente vio la posibilidad de negociar con  apoyos las dividió y creó otro grupo.

 Pero Las Buscadoras originales encabezadas por Mirna Nereyda continuaron firmes y más unidas en su lucha.

 Fueron localizando más restos enterrados aquí y allá.

 Algunos de ellos eran de familiares de alguna de las Buscadoras que por fin descansaron de su angustiosa duda al desaparecer esperanza de encontrarlos con vida, ubicando sus restos y dándoles cristiana sepultura.

 Esas madres no se retiraron de la búsqueda.

 El espíritu de solidaridad estaba ya en ellas y continuaron apoyando a sus compañeras de dolor y angustias.

 Hacían y hacen lo que las autoridades no han hecho, esas autoridades criminalmente omisas antes las denuncias, insensibles ante el dolor de las madres y familiares de los desaparecidos.

 Hoy la búsqueda de Mirna Nereyda ha concluido. Encontró los restos de su hijo desaparecido y asesinado por esos criminales que operan en la impunidad con la criminal omisión de todas las autoridades.

 La familia descansó en medio del dolor. Su hijo regresó, no como lo deseaban, pero regresaron sus restos que ya recibieron cristiana sepultura en su tierra, en Mochicahui.

 “Ya ven que sí se pudo encontrar a mi hijo, aquí está en su casa... nos tardamos tres años, pero aquí está. Finalmente lo encontré; yo pensé que me iba a morir sin encontrarlo y le pedí a mis compañeras que me prometieran que si moría ellas continuarían buscándolo”, expresó la madre en el sepelio de su hijo.

 Pero la tarea de Mirna Nereyda no ha concluido. Ella misma lo dijo.

 Descansará unos días para regresar a encabezar a Las Buscadoras, solidaria con las otras madres que aún viven con la angustia y no pierden la esperanza de encontrar a sus hijos desaparecidos.

 La tarea de Mirna Nereyda y sus Buscadoras es inmensa.

 Es una demostración del amor de las madres hacia sus hijos, de la esperanza de encontrarlos, de al menos encontrar sus restos y tener la certeza de que han regresado al hogar, sus restos, sin vida pero de nuevo en la tierra que los vio nacer, en el cementerio de su pueblo.

 La labor de Las Buscadoras es una bofetada para las autoridades de todos los niveles, que no hacen sus tareas, que no cumplen con sus responsabilidades… ¡pero si cobran como si trabajaran!

 Va aquí mi solidaridad para Mirna Nereyda y todas sus Buscadoras.

 

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