Festivales de cine ¿Aquí para cuándo?

Soy asiduo consumidor de contenidos relacionados al séptimo arte; películas (materia prima para esta sección) revistas, libros, soundtracks, videojuegos


y memorabiblia de algunos filmes, todo lo anterior indudablemente viene a enriquecer la experiencia de cualquier cinéfilo que no solo se conforma con asistir a las salas, encender el DVD o Blu-Ray sino que busca más allá de lo que vio en pantalla. Esto que acaba de leer amable lector/a hizo que me cuestionara sobre algo que le falta a nuestra ciudad para todos/as aquéllos/as que vivimos la manera de ver cine un poco diferente al resto de las personas.Resultado de imagen para FESTIVAL CINESEPTIEMBRE

Podrán decir que en esta época bastantes largometrajes o mercancía relacionada con películas están al alcance de la mayoría, donde solo basta dar “clicks” y se obtiene casi todo. Hasta ahí vamos bien; en un mundo lleno de facilidades para la búsqueda de información, contenidos e infraestructura para el disfrute del séptimo arte, parece que no nos falta nada, hasta que recordé que aquí en Culiacán… ¡Nunca hemos tenido un festival de cine! Es decir, uno con identidad propia; no muestras de cortometrajes o películas dentro de otras celebraciones como festivales culturales, juveniles o universitarios. Ciudades como Mazatlán (Cineseptiembre) y Guámuchil (quizás sean alucinaciones mías pero creo que se llegó a realizar un festival de cine en nuestra vecina ciudad) han celebrado sus propias festividades relacionadas con el cine.

Algunos/as conocedores sobre el tema opinan que a nivel mundial estas celebraciones han perdido la esencia que buscaban en sus inicios. Festivales hoy ya reconocidos mundialmente como el de Cannes (Francia), Berlinale (Alemania), La Bienal de Venecia (Italia) Festival Internacional de cine de Toronto (Canadá) Sundance (EE.UU.) y por supuesto los Festivales Internacionales de Cine de Guadalajara y Morelia. Todos estos eventos fueron durante un tiempo el escaparate para dar proyección a filmes que no cumplían las “fórmulas Hollywoodenses” y así dar difusión a películas de cualesquier nacionalidad que difícilmente encontraba distribución en los grandes complejos cinematográficos. Actualmente esa válvula de escape para algunos/as cinéfilos se ha reducido en la mayoría de los festivales de cine; es decir, aparentemente estos eventos se han inclinado más al alboroto que causan las llamadas “alfombras rojas” o presencia de celebridades que la oferta cinematográfica del festival.

No hay duda que los tiempos cambiaron, hoy con servicios de streaming (Netflix, Cinépolis Clik, ClaroVideo) la mayoría de las películas de cualquier país están al alcance pero lo que ningún adelanto tecnológico puede suplir es vivir la experiencia más allá de la pantalla. Por esto es muy importante que cualquier comunidad tenga una celebración al cine ya sea en pequeñas o grandes proporciones.

Un festival de cine no solo acerca al espectador sino también a empresarios y realizadores. Celebrar al séptimo arte genera beneficios económicos a los lugares sede, establece la conexión entre inversionistas y creadores, atrae al turismo que quiere vivir el cine de una manera diferente de sus lugares de origen y por supuesto, el gozo de las personas que viven en las localidades donde se lleva a cabo el festival, al saber que su comunidad tiene representación ante una de las disciplinas que más se disfrutan y consumen a nivel mundial. Fomenta al público el aprendizaje y aceptación a propuestas fílmicas de otras culturas, diferentes idiomas, diversas maneras de realizar largometrajes. Incluso exposiciones fotográficas, muestras de arte, pláticas sobre el cine como disciplina académica (porque también se estudia) vienen a darle una expansión que traspasa el solo hecho de proyectar filmes.  La celebración de un festival cinematográfico en cualquier comunidad, pequeña o grande; brinda la oportunidad de conocer todo lo que ofrece un lugar, conocer sus espacios para disfrutar las películas, su cultura, su gastronomía, sus costumbres.

Ya quedó atrás que los festivales cinematográficos eran para un público selecto o intelectual, al referirse como “festival” también se puede traducir como fiesta y no estoy diciendo que se hagan a un lado las propuestas de ese cine que arriesga, confronta y hacer pensar; sino encontrar el balance entre contenidos que puedan entrar en el gusto de los más exquisitos hasta películas para los/as que solo quieren divertirse.

 Debo confesar que al iniciar esta columna escribiría acerca de lo importante que sería realizar un festival en la capital de Sinaloa, pero revisando material de algunos festivales nacionales de cine me encontré con dos que poco a poco van tomando prestigio; son el Rivera Maya Film (Quintana Roo) y Los Cabos International Film (Baja California Sur) y fue así amable lector/a que me pregunté lo siguiente ¿Acaso no tenemos playas igual de paradisíacas que esos dos lugares? ¡Aquí en el estado tenemos una buena sede para un festival cinematográfico! No seríamos primerizos en esta celebración, Mazatlán ya tuvo su festival. Gestionemos a autoridades y empresarios para que vuelva “Cineseptiembre” ¡Ya urge! Ahora que el puerto sinaloense vive una bonanza en el terreno turístico, sería la ocasión ideal para retomar o rehacer un festival de cine. Espero que los/as culichis no me lo tomen a mal pero no cabe duda que en el mar el cine es más sabroso.