Las profecías (cinematográficas) malditas.

Es común que un servidor para estas fechas (octubre) revisité ciertos largometrajes que durante mi infancia no solo me hicieron sentir miedo, sino un horror indescriptible. Entre estos títulos pudiera citar los clásicos


como “El Exorcista (The exorcist, William Friedkin 1973)” “Juegos Diabólicos (Poltergeist, Tobe Hooper 1982)” “El despertar del diablo (Evil dead, Sam Raimi 1981)” y por supuesto, las nacionales “Hasta el viento tiene miedo (1968)” y “Más negro que la noche (1975)” ambas de Carlos Enrique Taboada. Pero una saga que marcó mi temprana afición al cine en general fue “La Profecía”, cinta que actualmente cuenta con 4 partes y un remake. Desafortunadamente, la última ni merece la pena volverla a ver ni mucho menos la reciente adaptación de este largometraje. Para cuando estén leyendo esta columna, seguramente la fecha de Halloween ya pasó pero cuando las películas se convierten en clásicos, son atemporales, es decir; esta trilogía hasta en navidad se pueden disfrutar. Así que prepárese a conocer las tres primeras partes de esta historia (la cuarta solo se estrenó en televisión)

La profecía (The Omen, Richard Donner 1976). El diplomático norteamericano Robert Thorn (Gregory Peck) está felizmente casado con Kathryn (Lee Remick). Ambos llevan bastante tiempo tratando de tener un hijo y tras sufrir dos abortos previos, Kathryn da a luz a un niño muerto. Sin que ella se dé cuenta de nada, su marido acepta la propuesta que le hace un sacerdote del hospital, hacerse cargo de otro recién nacido cuya madre acaba de fallecer. Poco a poco, comienzan a suceder cosas extrañas y muertes inexplicables, todas relacionadas con el pequeño.

Una historia que se caracterizó por alejarse a lo común en el género del terror/horror. Recurre más al miedo creado por la mente que a efectos especiales o estridentes acentos musicales en escenas claves. El exceso de tomas  cerradas a miradas de personajes clave ayudaron bastante a crear la tensión necesaria en este filme.

 Richard Donner va llevando la historia y suma una serie de fatídicas coincidencias donde el espectador al igual que los personajes de la trama se ahogan en la duda sobre si realmente está pasando algo malévolo o son estados de paranoia. El director  emsambló un equipo técnico bastante efectivo  integrado por Stuart Baird en el montaje, Gil Taylor en la fotografía (ya había trabajado con Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick y después trabajaría junto a George Lucas en “La guerra de las galaxias (1977)” Por supuesto, Jerry Goldmisth fue de gran utilidad para la musicalización de este filme, el maestro que conseguiría su ansiado Oscar con una partitura magistral e inolvidable. El solo hecho que el compositor haya declarado que el tema principal titulado “Ave Satanni” es la respuesta al Ave María de los católicos.

 La interpretación de Harvey Stephens como el pequeño adoptado y a la vez Anticristo, es memorable. Ver candidez de un niño, crea más incertidumbre por la idea que el representante de Satanás,  creeremos siempre que será algo grotesco o repugnante, que su “hijo” jamás residiría en lo que representa la pureza de un alma: los niños.  La escena final es magistral, el rostro del pequeño dispersa una gran incertidumbre en el espectador.

La profecía II: La maldición de Damien (Damien: Omen II, Don Taylor 1978). Desde la repentina y sospechosa muerte de sus padres, Damien vive con sus adinerados tíos (Lee Grant y William Holden). El chico, a quien muchos consideran el Anticristo, planea fríamente apoderarse del imperio empresarial de su tío como primer paso para dominar el mundo. Mientras tanto, todos los que intentan revelar ese trágico secreto, encuentran la muerte de forma rápida y cruel.

La compañía 20 Century Fox no titubeó en realizar la segunda parte en comparación de todas las negativas que dio a la primera entrega de La Profecía.

A diferencia de la primera entrega, el misterio en torno de ser el Anticristo desaparece por completo. El filme continúa desarrollando una parte de la historia y se adentra de lleno en una especie de eliminación de todo obstáculo que se interponga en las metas del anticristo. Cae en quizás en una muestra de ir eliminando todo lo que se interponga con ayuda de secuaces (personas o bestias). En una escena llegamos a sentir empatía cuando Damien descubre por sí solo “la marca del Diablo”; el 666 debajo de su cabellera y atraviesa la academia militar donde estudia para gritar e incluso mirando hacia el cielo cuestionar su destino con la frase ¿¿Por qué a mí?? El aspecto técnico de la película sigue siendo eficaz, sorprende y atemorizan la mayoría de las muertes que suceden a los personajes. El compositor Jerry Goldsmith vuelve a realizar la partitura y repitiendo la fórmula pero de manera que no desciende en nivel, la música sigue funcionando en momentos claves de la trama.

Esta entrega se distancia más del factor psicológico de la primera pero aterriza eficazmente en los terrenos para los/as que gustan del gore y lo “ingenioso” que resultan las muertes de algunos personajes. Se cuidaron ciertos detalles para que este filme no se convirtiera en el típico “a filmar la segunda como salga porque la primera nos dejó millones de dólares en taquilla”.

La profecía III: El final de Damien (The final conflict, Graham Baker 1981) Damien fue perfectamente educado y protegido. Tal como estaba escrito en el Apocalipsis ha logrado posicionarse en el mundo de la política logrando obtener la posición de embajador de los EE.UU. en Inglaterra. Sin embargo, tal cual su venida estaba ya anticipada en la Biblia de igual forma estaba prevista la segunda aparición de Jesucristo. Lo que supone un gran problema para Damien porque mientras Jesucristo viva sus fuerzas palidecen.

Aquí es cuando realmente triunfó el mal…el mal cine. La trama ya no ofrece un atractivo como sus predecesoras. Los efectos especiales resultan burdos y no ayudan en nada a la historia. Desvanece todo el terror psicológico de la primera y el tinte gore de la segunda. Ahora Damien ya no es el ser indefenso que terminó por aceptar su destino. En esta entrega ya es adulto capaz de tomar decisiones. La incertidumbre se esfuma totalmente en esta tercera parte. Solo se rescata el monólogo impactante de Damien ante la estatua de un Cristo humillado, visualmente la escultura si inquieta y las líneas llenas de blasfemia ante la figura religiosa cimbran a quienes las leen y escuchan. Es decepcionante la manera que concluye la historia de quien viene al mundo para confrontar a la máxima deidad venerada por la mayoría de los seres humanos. Con lo anterior no pido que hubiera sido una pelea llena de efectos donde predomine más la forma que el fondo, sino que debió ser más imponente y memorable su final. Veala nada mas a manera de concluir lo que en años se mantuvo como una trilogía clásica, ya que la continuación (La profecía IV: El renacer. Joe Montessi, 1991) es tan mala que pudiera derrotar a Dios y al Diablo juntos.