Los Caifanes

Recién cumplido el medio siglo, el filme Los Caifanes (agosto 1967) no ha merecido el homenaje que le corresponde. Una cinta que quizás quedó en el recuerdo de una generación de espectadores que tuvieron la oportunidad de verla en aquéllos años, otros que nos acercamos a este largometraje por relacionar el título con el nombre del famoso grupo de Saúl Hernández (cantante que en una entrevista declaró que no tiene nada que ver el filme con el bautizo de su banda), y también la generación que hoy es ávida de buscar el cine que no tiene cabida en complejos cinematográficos y que en ese recorrido se descubren realizaciones de antaño, que nos enseñan que atrás del cine que vemos hoy, existe siempre un empuje; si no me cree, ahí está el largometraje Güeros (Alonzo Ruizpalacios 2014) donde se puede observar una clara influencia de la película Los Caifanes.


Filmada en 1966 por Juan Ibáñez, la realización de este largometraje es en sí material para una buena historia, ya que la filmación fue posible gracias a los concursos que hacía la sección de Técnicos y Manuales del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica para apoyar el cine experimental (siempre y cuando se tratara de cortometrajes). Así que teniendo este requisito, Ibáñez tuvo la “idea” de realizar 5 cortometrajes, los cuales ganaron el concurso y después los uniría para presentarlos todos en un largometraje.

 Desde esta fórmula, se nota la frescura del filme. Pocas veces en nuestro cine se había visto que una película se dividiera en partes, cada una con un título y que estas no perdieran la continuidad entre el paso de una a otra. El argumento de la historia resulta ingenioso; una pareja de novios de clase alta, Paloma y Jaime, después de una reunión aristócrata nocturna buscan experimentar cosas nuevas y deciden tener un escarceo amoroso en lugares poco ortodoxos. Debido a la lluvia, se meten en un automóvil "abandonado", pero resulta ser la propiedad del Capitán Gato y sus Caifanes: el Estilos, el Mazacote y el Azteca.

 Aquí somos testigos una lucha de clases cuyos protagonistas a pesar de pertenecer a estratos sociales muy marcados, pueden coexistir e interactuar aunque sea en “una noche de juerga”. Los personajes de Paloma (Julissa) y Jaime (Enrique Álvarez Félix) pertenecientes a esa sociedad de buenas costumbres, finos modales y pocas veces escandalosa, son atraídos por el desconocido mundo de los 4 caifanes; El Capitán Gato (Sergio Jiménez), El estilos (Óscar Chávez), El Mazacote (Eduardo López Rojas) y El Azteca (Ernesto Gómez Cruz). Todos ellos los llevan a un recorrido por los lugares donde transitan los “que no tienen nada que perder”

 Entre pasajes literarios al albur más ingenioso, “catrines y caifanes” recorren ese extinto Distrito Federal, el que todavía no contaba con servicio del Metro, segundos pisos, marchas y plantones… esa ciudad que todavía no era reducida a 4 siglas. En el que se podían ver los palacios convertidos en vecindades, parques, cabarets y monumentos emblemáticos de la Ciudad de México. La burguesía representada en pantalla por Jaime y Paloma se fascina por este México en el que viven día a día pero que es muy distinto verlo desde la óptica de la clase trabajadora (Los Caifanes). Confrontaciones y complicidades se ven a lo largo de esta cinta por parte de las 2 clases sociales, que van desde la utilización del albur y caló por parte de Los Caifanes hasta cuando Jaime y Paloma hablan en inglés infiriendo ambos que “estos pelados que van a entender si apenas conocen el español” e incluso cuando el raciocinio discrimina clases sociales y la única salida es la de los golpes.

 Mención aparte merece la banda sonora de esta película, cuyas canciones son interpretadas por uno de los protagonistas, Oscar Chávez; atinando la utilización de cada tema para diferentes escenas, como lo es la canción “Fuera de mundo” en la parte que Jaime y Paloma se adentran al México nocturno en el que viven Los Caifanes y la excelsa interpretación de “El Pájaro y el Chanate” en la escena que transgrede símbolos tan respetados y venerados como son todos los que conforman una funeraria (ataúdes, misas y cruces).

Los Caifanes, fue y es como se le denominó en ese tiempo, una “película de aliento”, un filme que se convirtió en el puente que llegaba a los terrenos de la experimentación; que dejaba atrás al cine de charros cantores, de pobres pero honrados, de danzones e historias moralistas…en fin, una película que como diría un papá grande… un pachuco “esto me cae fine (cai fain)”. Aunque la película ya cumplió medio siglo de su estreno, dele una oportunidad; seguro no se arrepiente.